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Una realidad poco abordada hasta ahora: la orientación sexual e identidad de género de las personas con TEA

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El reconocimiento de la diversidad por motivos de orientación sexual e identidad de género es una cuestión de derechos humanos. Esta es la perspectiva que inspira a diferentes Organismos de Naciones Unidas (Comité de Derechos Humanos y el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, entre otros) que prohíben la discriminación por razón de la orientación sexual e identidad de género, ya que todas las personas tienen derecho a que se garantice su igualdad y no discriminación. 

Sin embargo, las personas con discapacidad sufren en mayor grado marginalización, exclusión social y discriminación cuando, además la discapacidad, se une con diversidades afectivo sexuales o una orientación sexual no heterosexual.

En este marco, uno de los colectivos cuyos derechos se ven vulnerados son las personas con trastorno del espectro del autismo (TEA). En la actualidad, los estudios específicos relacionados con la identidad de género y la diversidad respecto a la orientación sexual en las personas con TEA son todavía muy limitados, ya que se trata de un aspecto que, hasta el momento, no se ha considerado prioritario.

Sin embargo, cada vez más, existe una mayor demanda por parte de la comunidad científica y educativa de incrementar el conocimiento sobre cuáles son las necesidades, entender mejor a las personas con TEA con orientaciones sexuales diferentes a la norma establecida y en sectores LGTBI, con el fin de desarrollar servicios y recursos que se ajusten a sus necesidades.

De acuerdo a la literatura consultada, los distintos estudios ponen de manifiesto que la orientación sexual (no heterosexual) o la transexualidad son más habituales de lo que se pensaba en las personas con TEA (George y Stokes, 2017).

Según Judith Butler (1990), la orientación sexual y la identidad sexual son resultado de una construcción social, histórica y cultural y, por lo tanto, no existen papeles sexuales o roles de género biológicamente inscritos en la naturaleza humana. Para la autora, el sexo se ha configurado dentro del binarismo del género, es decir, “ser hombre/masculino” o “ser mujer/femenino”, y se trata de una construcción cultural.

La orientación sexual (o del deseo) hace referencia a la atracción emocional y el deseo sexual y amoroso, bien sea por personas del sexo contrario (heterosexualidad) o hacia personas de su mismo sexo, o bien sea de forma exclusiva (personas homosexuales; lesbianas: mujeres homosexuales, y gays: hombres homosexuales) o porque le atraen las personas independientemente de su sexo (personas bisexuales).

En el caso concreto de las personas con TEA, es más frecuente la homosexualidad, bisexualidad y la asexualidad si se compara con la población que no presenta un diagnóstico (George y Stokes, 2017). En concreto, estos autores señalan que, de las 309 personas con TEA consultadas, el 69.7% manifestó que no era heterosexual. Asimismo, la homosexualidad y la bisexualidad parece que son más habituales entre las mujeres con TEA que en los hombres (Bejerot y Eriksson, 2014; Gilmour, Schalomon, y Smith, 2012).

Un estudio realizado con posterioridad por Dewinter, De Graaf y Begeer en 2017, centrado en orientación sexual, la identidad de género y las relaciones románticas entre una muestra de 675 adultos y adolescentes con TEA, apoya también estas conclusiones. En el caso de las mujeres, el 6,1% dijeron sentirse atraídas por mujeres, mientras que un 14,9% de mujeres con TEA indicaron no sentir atracción sexual ni hacia a hombres ni hacia mujeres. En los hombres, un 5,1% sentía atracción exclusiva por hombres y un 4,7% indicaron no sentir atracción sexual hacia a hombres o mujeres.

En cuanto a la identidad de género, es un concepto que hace referencia a la identificación de la persona con el sexo que le asignaron al nacer. A cada persona al nacer se le asigna un sexo (hombre/mujer) y, en función de esto, se tienen comportamientos, aspectos y actitudes que son “propios” de hombres y mujeres. Sin embargo, algunas personas se identifican con un género diferente o expresan su identidad de género de manera diferente al género que le asignaron en el nacimiento o no se ajusta a ninguna de las dos “opciones”. Esto se define como transexualidad.

Asimismo, también existen otras personas que se sienten cómodas en su identidad de género (de hombres o mujeres) y no quieren cambiarla, si bien no siguen las normas de masculinidad o feminidad hegemónicas. Es decir, personas que no son “trans” pero cuya expresión del género va a ser diferente de lo que se espera de ellas como niñas, niños, hombres o mujeres (Pichardo et al, 2015).

Distintos estudios sugieren que las personas con TEA se identifican, en mayor medida si se compara con la población en general, con un género diferente o expresan su identidad de género de manera distinta al sexo que le asignaron al nacer (Blumberg et al., 2013; Georges y Stokes, 2017; Strang et al. 2014).

La transexualidad es más significativa para las personas con TEA en la infancia y especialmente en la adolescencia (Glidden, Bouman, Jones, y Arcelus, 2016; De Vries, Noens, Cohen-Kettenis, van Berckelaer-Onnes, y Doreleijers, 2010). El desarrollo de la propia identidad y de la identidad de género puede ser un momento muy delicado y confuso para la mayoría de los y las adolescentes, pudiendo serlo aún más para aquellos que presentan un diagnóstico TEA.

Esto es debido a que el proceso para desarrollar su auto identificación y la exploración del género es más lento debido a las dificultades de flexibilidad relacionadas con el TEA, que puede limitar la capacidad de la persona para adoptar el concepto de género, en comparación con aquellos/as adolescentes sin diagnóstico (Strang et al, 2018). Por ello, es necesario brindarles la oportunidad de explorar su identidad para que se minimice cualquier posible riesgo para su salud mental o física.

Además, en el caso concreto de las mujeres con TEA, la identidad de género es más significativa que en los hombres (Cooper et al., 2018), puesto que se identifican más fácilmente con el género masculino (Kourti y MacLeod, 2019; George y Stokes, 2017) debido a que, en general, no se sienten identificadas con la mayoría de las mujeres, ya que sus intereses son muy diferentes (Cooper et al., 2018).

Se ha encontrado mucha variabilidad en la identidad de género en personas con TEA, siendo más alta en mujeres que en hombres. El componente social de la identidad de género puede verse afectado, ya que las mujeres experimentan una identificación más baja con su grupo de referencia de género (Cooper et al., 2018).

En general, existe gran desconocimiento de cómo las características propias del autismo interaccionan con el desarrollo de la identidad de género. No obstante, se han sugerido varias explicaciones para la alta variabilidad encontrada. Una de ellas se refiere a que el pensamiento rígido, característica nuclear del TEA, podría causar una mala interpretación de los intereses de género (Vries et al. 2010). También se ha planteado que los problemas de hiposensibilidad al tacto pueden ocasionar problemas para identificación de sus órganos sexuales externos.

Asimismo, la varianza se ha vinculado con tener asociado otras características cognitivas (rigidez, teoría de la mente, etc.) o a la presencia de trastornos comórbidos (como puede ser trastornos obsesivo compulsivos), así como el que las personas con TEA pueden tener menos oportunidades para explorar su identidad de género y sexualidad (van Schalkwyk, Klingensmith y Volkmar, 2015).

También podría deberse a que las personas con TEA tienen menos oportunidades en cuanto a enseñanza y aprendizajes basada en la educación sexual y apoyo en las relaciones (Hannah y Stagg, 2016), lo que dificultaría la identificación de género.

Como explican Kourti y MacLeod (2019) en un estudio realizado a 43 mujeres entre 21 y 52 años, el hecho de que las participantes conocieran el diagnóstico de TEA en la edad adulta también contribuyó a cómo se desarrolló el proceso de su identidad de género.

De lo que no cabe duda es que quien transgrede las normas tradicionales sobre el género de acuerdo al sexo al que fue asignado al nacer es víctima, en muchas ocasiones, de discriminación, lo que provoca un rechazo a revelar abiertamente la orientación sexual o identidad de género, por el miedo a la no aceptación y a las actitudes y expresiones discriminatorias. Esta realidad se da también en las personas con TEA, ya que el componente social de la identidad de género también les afecta (Cooper et al., 2018). En su caso, interactúan varios factores de discriminación, la condición de TEA y el hecho de no seguir las normas sexuales sociales de género establecidas.

Por ello, es importante abordar tanto la orientación sexual como la transexualidad como una cuestión de derechos humanos, ya que todas las personas, incluidas, como es obvio, las personas con TEA, tienen derecho a vivir sin ser discriminadas y participando en todos los ámbitos sociales. Del mismo modo, es necesario desarrollar programas de educación sexual especializada para proporcionar un mayor apoyo y conciencia, no solo a las personas con TEA sino a sus familias.

 

Cristina Hernández

Técnica de Investigación y Transferencia del Conocimiento de Autismo España

 

Referencias bibliográficas

  • Bejerot, S., y Eriksson, J. M. (2014). Sexuality and gender role in autism spectrum disorder: a case control study. PLoS One9(1), e87961.
  • Butler, J. (1990). Gender trouble, feminist theory, and psychoanalytic discourse. Feminism/postmodernism327, x.
  • Cooper, K., Smith, L. G. y Russell, A. J. (2018). Gender Identity in autism: Sex differences in social affiliation with gender groups. Journal of autism and developmental disorders48(12), 3995-4006.
  • De Vries, A. L., Noens, I. L., Cohen-Kettenis, P. T., van Berckelaer-Onnes, I. A., y Doreleijers, T. A. (2010). Autism spectrum disorders in gender dysphoric children and adolescents. Journal of autism and developmental disorders40(8), 930-936.
  • Dewinter, J., De Graaf, H. y Begeer, S. (2017). Sexual orientation, gender identity, and romantic relationships in adolescents and adults with autism spectrum disorder. Journal of autism and developmental disorders47(9), 2927-2934.
  • George, R. y Stokes, M. A. (2018). Sexual orientation in autism spectrum disorder. Autism Research11(1), 133-141.
  • Gilmour, L., Schalomon, P. M. y Smith, V. (2012). Sexuality in a community based sample of adults with autism spectrum disorder. Research in Autism Spectrum Disorders6(1), 313-318.
  • Glidden, D., Bouman, W. P., Jones, B. A. y Arcelus, J. (2016). Gender dysphoria and autism spectrum disorder: A systematic review of the literature. Sexual Medicine Reviews4(1), 3-14.
  • Hannah, L. A. y Stagg, S. D. (2016). Experiences of sex education and sexual awareness in young adults with autism spectrum disorder. Journal of autism and developmental disorders46(12), 3678-3687.
  • Kourti, M. y MacLeod, A. (2019). “I Don't Feel Like a Gender, I Feel Like Myself”: Autistic Individuals Raised as Girls Exploring Gender Identity. Autism in Adulthood1(1), 52-59.
  • Strang, J. F., Meagher, H., Kenworthy, L., de Vries, A. L., Menvielle, E., Leibowitz, S., … y Pleak, R. R. (2018). Initial clinical guidelines for co-occurring autism spectrum disorder and gender dysphoria or incongruence in adolescents. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology47(1), 105-115.
  • van Schalkwyk, G. I., Klingensmith, K. y Volkmar, F. R. (2015). Gender identity and autism spectrum disorders. The Yale journal of biology and medicine88(1), 81.

 

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