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“Desde que acude al Centro de Atención Infantil Temprana y al colegio, Cristian ha mejorado bastante en muchos aspectos”

  • Compartimos el testimonio de Nuria, mamá de Cristian, un pequeño de 3 años con autismo.
  • “Cristian empezó a cambiar a marchas rápidas pero hacia atrás cuando empezó la pandemia y el confinamiento”.
  • “Si solo pudiera pedir algo en esta vida, sería que mi hijo siempre estuviera sano y fuerte, pero sobre todo feliz”.
Testimonio madre de niño autista - Mejora en C.A.I.T y colegio

Desde Autismo España insistimos en que un diagnóstico precoz permite acceder cuanto antes a una atención temprana específica y especializada, esencial para favorecer el desarrollo y la calidad de vida de los niños y niñas con autismo. Testimonios como el que hoy compartimos demuestran la importancia de esos apoyos tempranos y ayudan a visibilizar aspectos del TEA quizá poco conocidos, pero con los que muchas familias se pueden identificar; nos referimos en concreto a los “retrocesos” que experimentan algunos niños y niñas autistas, que se manifiestan en pérdida de lenguaje y habilidades sociales que habían alcanzado anteriormente. Gracias Nuria por compartir con nosotros esta bonita historia: 

TESTIMONIO DE NURIA, MAMÁ DE CRISTIAN

Hola, me llamo Nuria, tengo 20 años y vengo a contaros la historia de mi hijo Cristian. Cristian tiene 3 añitos ahora mismo. Cuando nació era un bebé muy feliz; jugaba, quería estar con todo el mundo, te miraba, quería pasar tiempo con todos… le encantaba salir, que la gente se acercara a él…; en fin, muchísimas cosas, lo más parecido a un bebé de ese tiempo. 

Cristian fue muy adelantado en muchísimas cosas. Se mantenía muy bien antes de hacer un mes de su nacimiento; comía muy bien y a los 4 meses ya balbuceaba; a los 5 meses dijo su primera palabra, “MAMÁ”; siempre me voy a acordar de ese día, estuvo unos días que decía “mamá” y luego “papá”, y después “mamá” de nuevo. Ahí fue cuando dejó de decirme una palabra tan simple pero tan importante como “MAMÁ”; por eso me voy a acordar día sí y día también. A los 10 meses, el campeón ya estaba andando por todos los rincones. 

Cristian empezó a cambiar a marchas rápidas pero hacia atrás cuando empezó la pandemia y el confinamiento; dejó de decir esas palabras, quería jugar solo, no quería estar con familia, ni con primos, ni con niños de su edad en un parque. Se echaba a llorar si alguien se le acercaba, con un llanto muy fuerte. No quería probar comidas, siempre era el mismo tipo de comida. No quería jugar conmigo, lo veía en llanto pero no lloraba. Lo llamabas pero no te hacía caso, seguía con lo que estaba haciendo. Le costaba muchísimo acercarse, aunque ya te hubiera visto varios días. Si se le acercaban niños, se enrabietaba, aleteaba con los brazos, andaba de puntillas… De vez en cuando, en medio de alguna rabieta se pegaba en la cara, se ponía a dar vueltas sin parar, corría muy nervioso de un lado a otro…Y muchísimas cosas más. 

Cuando Cristian tenía año y medio, mis tías me comentaron que podía tener autismo, porque no se le veía “NORMAL”. La primera vez no hice mucho caso, ya que era pequeño. Pensaba que eran cosas de un bebé. Pero al cabo de un tiempo me lo volvieron a decir y ahí fue cuando me preocupé muchísimo y me asusté, y entonces decidí llevarlo a un pediatra privado. 

A raíz de ahí hemos ido a muchísimos sitios: médicos, pediatras, hospitales… Hasta que se llegó a una conclusión: Cristian tiene autismo y retraso madurativo. No voy a mentir: me asusté y muchísimo. Una madre joven sin idea de muchas cosas… todo se me vino encima. Me costó hacerme a la idea de todo de golpe. Cristian pasaba el tiempo y seguía igual o peor; ya tenía 2 años y todavía no hablaba nada de nada, hacía los mismos gestos, las mismas características de antes. 

Empezó a ir a la guardería y entonces cambió en muchas cosas. Empezó él C.A.I.T (Centro de Atención Infantil Temprana) y este año ha empezado el cole. ¿Y sabéis qué? Cristian ha mejorado bastante en muchos aspectos: prueba comidas, come de muchas ellas, está con niños, se acerca a ellos o a cualquier persona que se le acerque, juega contigo, tiene más contacto visual, hace como el intento de hablar, lo llamas y viene hacia ti o te mira, sabe quién es cada persona, te da besitos, te señala lo que quiere…No sé, son muchos detalles que al final han marcado mucho la diferencia, porque es por rachas. Algunas veces deja de hacer las cosas de la nada y al tiempo vuelve a hacerlas, pero ahora ya lleva unos meses que sí está aprendiendo cada vez más.  

Sé que a Cristian le va a costar hacer muchísimas cosas, pero sé que es un pequeño campeón. Confío plenamente en él y lo quiero con locura. Es el niño de mis ojos y, si solo pudiera pedir algo en esta vida, sería que mi hijo siempre estuviera sano y fuerte pero sobre todo feliz. 

 ¡VAMOS A SEGUIR HACIA DELANTE! 

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