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¿Cómo ayuda la música a personas con autismo?

  • "Las experiencias musicales promueven sentimientos de conexión, pertenencia e identidad desde la infancia hasta la edad adulta"
  • Beatriz Cavero Olivera es investigadora de la UAM y estudia las interacciones musicales que ocurren entre las mamás y los bebés con elevada probabilidad genética de presentar autismo
  • En el Día Internacional de la Música descubrimos cuál es el punto de partida de la investigación de esta investigadora que forma parte del equipo Traberitea

Beatriz Cavero Olivera es investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid y forma parte del equipo de investigación sobre trayectorias de desarrollo temprano ‘Traberitea’. Su tesis doctoral se centra en el estudio de las interacciones musicales que ocurren entre los bebés y sus figuras de cuidado en la primera infancia, específicamente en el caso de madres con bebés con una elevada probabilidad genética de presentar autismo.  Nos deja este artículo tan interesante sobre el poder de la música en las personas autistas. 

Día de la música 

La capacidad de disfrutar de la música es un rasgo humano universal: la gran mayoría de las personas nos involucramos en ella de forma espontánea y sin esfuerzo. La música es en una forma universal de comunicación empleada por todos los seres humanos y presente en todas las culturas. Como forma de comunicación, nos permite expresar emociones y relacionarnos con los demás a lo largo de todo el ciclo vital. Participar de experiencias musicales es una forma de compartir nuestra atención con otras personas y nos ayuda a desarrollar habilidades sociales y a relacionarnos. Además, las experiencias musicales promueven sentimientos de conexión, pertenencia e identidad desde la infancia hasta la edad adulta. 

Entre los puntos fuertes que tradicionalmente se han destacado al respecto de las personas con TEA se encuentra el procesamiento musical(1). Ya en los años 20, la psiquiatra ucrania Grunya Efimovna Sukhareva, una de las pioneras en la descripción de casos de niños con autismo, señalaba que algunos de ellos eran “muy dotados musicalmente”. 

 Así, existen estudios que demuestran que las habilidades musicales de niños con TEA son iguales o superiores a las de niños sin esta condición. Por ejemplo, se ha encontrado que cuentan con una mejor memoria melódica o una mejor percepción del tono(2). 

 En general, las personas con trastorno del espectro del autismo tienen dificultades para la comunicación y la interacción social, y por eso históricamente ha habido un significativo interés por el potencial que las intervenciones musicales pueden tener para mejorar las habilidades socio comunicativas de las personas con TEA. Especialmente, la terapia musical se ha utilizado para involucrar a las personas con autismo en interacciones sociales significativas con los demás(3). 

Algunos ejemplos

Por ejemplo, el reconocimiento de emociones es una de las dificultades comúnmente señaladas en personas con TEA; pero se ha encontrado que tanto niños como adultos con autismo son capaces de comprender tanto emociones simples como complejas reflejadas en la música(4). 

Otro caso en el que la música es capaz de favorecer puntos débiles comunes en personas con autismo es en el tiempo de mirada al rostro. Ha sido ampliamente descrito que desde que son pequeños los niños con autismo tienen ratios menores de mirada al rostro de su interlocutor que los niños sin diagnóstico, lo que dificulta el aprovechamiento de las oportunidades de socialización(5). Además, estas dificultades se mantienen a lo largo de la vida adulta. Sin embargo, se ha encontrado que los niños con autismo aumentan de manera espontánea el tiempo que miran a un rostro cuando su interlocutor está cantando en comparación a cuando está contando una historia(6). El hecho de que se sientan atraídos por el canto y muestren iniciativa al mirar a una cara que canta puede ser aprovechado, por ejemplo, para favorecer este aspecto de la socialización. 

El interés por las intervenciones musicales en personas con autismo es creciente y, aunque su uso aún no está extendido y no se incluye en la mayoría de los programas de tratamiento, cada vez hay más evidencia que señala los efectos beneficiosos de este tipo de intervenciones.  

Por ejemplo, se ha encontrado que intervenciones musicales en las que se canta, tocan instrumentos, se hacen juegos rítmicos, etc. pueden incrementar la conectividad cerebral audio-motora además de mejorar la comunicación social y la calidad de vida familiar de niños con TEA de entre 6 y 12 años, en mayor medida que una intervención control sin música(7). Además, según la revisión efectuada por Geretsegger y colaboradores(8) en 2014 sobre artículos donde se comparaban intervenciones basadas en experiencias musicales y terapias placebo en niños con autismo, las intervenciones musicales resultaron superiores a la hora de lograr cambios en las áreas de adaptación social, disfrute y mejora de las relaciones entre padres e hijos, así como en las habilidades de comunicación verbal y no verbal, la iniciativa y la
reciprocidad emocional. 

Todos estos resultados parecen, en definitiva, sugerir que el uso de actividades musicales en un contexto de terapia promueve cambios en el comportamiento de los niños con diagnóstico de TEA. No obstante, es importante señalar que todos los resultados mencionados sobre los efectos positivos de las intervenciones musicales han sido obtenidos en muestras de niños en edad escolar; es decir, entre los 6 y los 12 años. No se han podido encontrar evidencias sobre el efecto de las intervenciones musicales dirigidas por profesionales, ni de las interacciones musicales con cuidadores en niños con autismo de edades inferiores, pese a que el desarrollo de esos 6 primeros años comprende muchos periodos sensibles, durante los cuales el apoyo que puede proporcionar la intervención musical al
desarrollo de las habilidades socio-comunicativas podría ser fundamental.  

 Cabe esperar que los niños con elevado riesgo genético de presentar autismo también se vean beneficiados de estas interacciones musicales, algo que podría ser especialmente relevante puesto que, tienen mayor riesgo de presentar dificultades en su desarrollo comunicativo. 

Beatriz Cavero Olivera

Investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid

Equipo de investigación sobre trayectorias de desarrollo temprano ‘Traberitea’.

REFERENCIAS  

1 Kanner, L. (1943). Autistic disturbances of affective contact. Nervous child2(3), 217-250. 

 2 Quintin, E. M., Bhatara, A., Poissant, H., Fombonne, E., & Levitin, D. J. (2013). Processing of musical structure by high-functioning adolescents with autism spectrum disorders. Child Neuropsychology19(3), 250-275. 

 3 LaGasse, A. B. (2017). Social outcomes in children with autism spectrum disorder: a review of music therapy outcomes. Patient related outcome measures8, 23. 

 4 Molnar‐Szakacs, I., & Heaton, P. (2012). Music: a unique window into the world of autism. Annals of the New York Academy of Sciences1252(1), 318-324. 

 5 Jones, W., & Klin, A. (2013). Attention to eyes is present but in decline in 2–6-month-old infants later diagnosed with autism. Nature504(7480), 427-431. 

 6 Thompson, G. A., & Abel, L. A. (2018). Fostering Spontaneous Visual Attention in Children on the Autism Spectrum: A Proof‐of‐Concept Study Comparing Singing and Speech. Autism Research11(5), 732-737. 

 7 Sharda, M., Tuerk, C., Chowdhury, R., Jamey, K., Foster, N., Custo-Blanch, M., … & Hyde, K. (2018). Music improves social communication and auditory–motor connectivity in children with autism. Translational psychiatry8(1), 1-13. 

 8 Geretsegger, M., Elefant, C., Mössler, K. A., & Gold, C. (2014). Music therapy for people with autism spectrum disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews, (6). 

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