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“Yo también miraré las estrellas”

Compartimos el relato de Mariano Rosique, padre de un chico con autismo.
Dibujo de un chico tocando el piano

Había una vez un pianista que parecía caminar más despacio que los demás.

No porque no quisiera avanzar, sino porque escuchaba cosas que otros no oían: el ruido de las luces, el cansancio escondido en las voces, la tristeza diminuta que cabe dentro de una nota mal tocada.

Muchas personas pensaron que estaba perdido.

Pero él sabía algo importante: hay caminos que no se recorren con prisa, sino con paciencia.

En el conservatorio descubrió que algunos músicos corrían como el viento.

El, en cambio, aprendía como crecen los árboles.

Muy despacio.

Muy profundamente.

A veces tropezaba.

A veces quería cerrar el piano y desaparecer un rato dentro del silencio.

Pero siempre ocurría algo pequeño que lo hacía volver:

una mano que ayudaba sin hacer preguntas,

un profesor que escuchaba de verdad,

o una melodía que parecía decirle:

“todavía hay sitio para ti aquí”.

Entonces comprendió algo que no enseñan en los exámenes:

cada persona escucha el mundo de una manera distinta,

y quizá la música existe precisamente para unir todas esas formas de escuchar.

Desde fuera, algunos solo veían dificultades.

Pero dentro de él había un universo entero afinándose poco a poco.

Y, aunque el viaje no fue sencillo,

el pianista siguió adelante.

Porque hay personas que no nacen para tocar rápido,

sino para tocar verdad.

 

Mariano Rosique, padre de un chico con autismo.

Autismo España no se hace responsable de las opiniones vertidas que se emitan en esta sección puesto que son de carácter personal, y no necesariamente reflejan la posición de Autismo España.