«El jardín donde nadie me pidió cambiar»
- Relato de una mujer autista en el que habla de la necesidad e encontrar ese lugar de paz.
- "Hoy ya no busco parecerme a las demás flores. Solo quiero seguir floreciendo a mi manera".
Durante mucho tiempo creí que la paz era un jardín lleno de flores. Un lugar donde cada color encontraba su sitio sin esfuerzo y donde nadie preguntaba por qué unas flores florecían antes que otras.
La busqué en el silencio, en las personas, en las rutinas perfectas y hasta en la soledad. Cuanto más la perseguía, más parecía alejarse de mí.
Hasta que comprendí que ese jardín nunca había sido un lugar. Era el instante en que dejaba de intentar parecerme a los demás.
Entonces dejé de preguntarme si estaba floreciendo de la manera correcta.
El viento dejó de empujarme hacia donde iban todos; simplemente siguió pasando, pero ya no sentí que debía obedecer su dirección.
Y, por primera vez, pude cerrar los ojos sin miedo.
No porque el mundo hubiera cambiado.
Sino porque yo había dejado de pedirle permiso para ser quien era.
Desde entonces descubrí que los jardines despiertan despacio, justo cuando una deja de cubrirse de sombra.
Y quizá ese era el lugar al que siempre intenté regresar.
Porque comprendí que no había nada roto en mí.
Solo había pasado demasiado tiempo intentando florecer en un jardín que no entendía mi forma de crecer.
Hoy ya no busco parecerme a las demás flores.
Solo quiero seguir floreciendo a mi manera.
Quizá la paz nunca estuvo en encontrar el jardín perfecto.
Quizá siempre estuvo en dejar de pedir permiso para florecer.
Adriana Nash Ruth @teayarte
Relatos de un corazón autista





