Compartir

«El mundo empresarial necesita abrir espacio a otras formas de pensar, producir y vivir el trabajo»

  • Compartimos el testimonio de Judith Vicente de Vera, mujer autista emprendedora que recibió el diagnóstico en la edad adulta y que reclama al tejido empresarial más oportunidades de empleo para las personas con autismo.

Me llamo Judith Vicente de Vera Gómez.
Nací el 6 de octubre de 1994 en Zaragoza (España) y vivo y trabajo con un 65 % de discapacidad reconocida. Durante muchos años no lo supe. Pasé buena parte de mi vida sin un nombre para aquello que sentía desde dentro: la certeza de que mi forma de estar en el mundo era distinta, más intensa, más exigente y, en demasiadas ocasiones, profundamente dolorosa. El diagnóstico llegó ya en la edad adulta, como llegan a veces las verdades importantes: tarde, pero con una claridad que reorganiza toda una vida.

Tengo Asperger (trastorno del espectro autista), prosopagnosia —una dificultad neurológica para reconocer rostros—, baja visión y puntos ciegos que alteran mi percepción visual. Son discapacidades invisibles, pero constantes. Afectan a la comunicación, a la orientación, al cansancio mental, a la gestión emocional y a la forma en que me relaciono con las personas y con el trabajo. No siempre se ven desde fuera, pero están presentes en cada gesto cotidiano, marcando ritmos y límites.

Durante toda mi vida escolar sufrí bullying. Y es que mis diferencias —aún sin nombre—, fueron motivo de aislamiento, incomprensión y violencia; no tuve más opción que adaptarme, aprender a resistir sin herramientas y aferrarme a una única certeza íntima: la idea de que, algún día, pese a todo, podría cumplir mis sueños. Esa esperanza —frágil, obstinada— fue durante años mi forma de
supervivencia.

Y, aun así, he construido.

En 2021 fundé REIS D’ARANDA, una marca de pastelería artesana para mascotas que nació con la voluntad clara de diferenciarse. Desde el principio aposté por diseños cuidados y recetas de autor, alejadas de lo convencional: bonito del norte con tomate y pimiento, carne de caballo con pimientos, ternera y tripa verde con garbanzos, pizzas, donuts crujientes, macarons de heno, barritas de frutas, cupcakes y tartas elaboradas con coco o harina de castañas. Propuestas que, hasta la fecha, han sido un éxito entre todos los perros, conejos, cobayas y pequeños roedores que las han probado.

Todos los productos están libres de azúcares añadidos, sal, conservantes y aditivos. A lo largo de estos años, mis elaboraciones han viajado a Portugal, Francia, Italia, Alemania, Polonia y Chequia; y la guinda del pastel fue la apertura de la tienda física el 8 de noviembre de 2025, en la calle Fraga n.º 1 de Zaragoza, en el barrio de la Almozara.

ATRIA VITELA EDITORIAL es, sin embargo, un sueño más antiguo, más silencioso. Comenzó a gestarse en 2019, cuando aún era una idea persistente que pedía tiempo y maduración, y vio finalmente la luz en 2025. Es una editorial híbrida, especializada tanto en novela como en escritura por encargo —ghostwriting—, un ámbito en el que llevo años trabajando con discreción,
profesionalidad y un respeto absoluto por la voz de cada cliente.

Fundarla fue casi inevitable. Soy escritora profesional desde hace quince años. Desde niña sentí una atracción temprana y profunda por la palabra escrita: leía a los tres años y, de forma completamente independiente —sin ayuda—, ya lo hacía con cinco. Aquello tenía un nombre: hiperlexia, una característica frecuente en mujeres con Asperger.

Con el tiempo me especialicé en fantasía oscura, demonología, angelología, ficción histórica y horror, especialmente horror religioso, aunque en la escritura por encargo lo que más me solicitan son biografías.

En los últimos seis años he escrito más de 40 libros, la mayoría para otras personas; obras que no llevan mi nombre, pero sí mi trabajo, mi técnica y mi compromiso. Escribir para otros exige una capacidad profunda de escucha, análisis y adaptación, y ahí mi forma de pensar —analítica, detallista, obsesiva con la coherencia— se ha transformado en una fortaleza real.

Tengo un CI de 112, pero más allá de cualquier cifra, soy una persona movida por una curiosidad constante. El estudio es para mí refugio, motor y estructura. Amo los idiomas: actualmente estudio francés e inglés, y tengo la firme intención de comenzar italiano y japonés cuando el tiempo y la carga de trabajo lo permitan.

La música ocupa también un lugar importante en mi vida. Estudié canto lírico durante algunos años, aunque tuve que dejarlo por falta de tiempo. Mi deseo es retomarlo y, algún día, iniciarme en el violín. Aprender no es solo una afición: es mi manera de ordenar el mundo, de encontrar sentido y de seguir avanzando.

Emprender, para una persona con discapacidad invisible, no es un gesto romántico ni una moda. Es, muchas veces, la única forma posible de construir una vida laboral compatible con la propia neurología. Me ha permitido crear mis propios ritmos, diseñar entornos más amables y trabajar desde la profundidad, no desde la urgencia constante que impone un sistema que rara vez contempla la diversidad funcional real.

He vivido —y vivo— impagos, decepciones profesionales, agotamiento extremo y miedo económico; no escribo desde una historia idealizada, sino desde la experiencia concreta. Y la resiliencia, en mi caso, no es una palabra inspiradora: es una práctica diaria, porque levantarme cuando la ansiedad aprieta, continuar cuando el cansancio cognitivo pesa y sostener proyectos cuando todo parece frágil es muy complicado. En este punto, el apoyo de mi familia —mis padres y mi hermano menor— ha sido y sigue siendo imprescindible.

No quiero ser vista como una excepción heroica ni como un ejemplo edulcorado. Soy una empresaria con discapacidad: con ambición, dudas, talento y límites. Una empresaria que sale adelante gracias al apoyo de los suyos y su propia voluntad —ya que no recibo ninguna ayuda por parte de las instituciones gubernamentales—.

Creo profundamente que el mundo empresarial necesita abrir espacio a otras formas de pensar, producir y vivir el trabajo. No por caridad, sino porque en esa diversidad existen rigor, creatividad, profundidad y futuro.

REIS D’ARANDA y ATRIA VITELA EDITORIAL son la prueba tangible de que otra forma de emprender es posible: a veces más lenta, casi siempre más exigente, pero honesta, consciente y profundamente humana.

 

Autismo España no se hace responsable de las opiniones vertidas que se emitan en esta sección puesto que son de carácter personal, y no necesariamente reflejan la posición de Autismo España.