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«No estaba rota, solo no conocía cómo funcionaba mi cuerpo»

  • Compartimos el testimonio de una mujer autista en el que explica cómo el diagnóstico le ayudó a conocerse mejor, comprender sus necesidades y aprender a aceptarse.
  • "Todos valemos lo mismo, y merecemos un cuidado y un respeto solo por el hecho de ser personas".
Una joven con gafas y jersey aparece en primer plano, acompañada de escenas que representan la depresión y la ansiedad. A su lado, un perro descansa junto a libros y una taza con el mensaje «Mi mente también es un lugar bonito»

Mi mundo era alegre, intenso, sin preocupaciones. Siempre me etiquetaron como una niña tímida, que necesitaba un profesional que aliviara mi ansiedad o buscara una solución a mis dificultades para socializar. Yo sentía muy fuerte y no comprendía algunos comportamientos que yo consideraba injustos. A veces el mundo me abrumaba y a veces me llenaba de euforia.

Pero la presión social era la que más se incrementaba con los años. Empecé a sentir que no encajaba, que no podía mantener mis relaciones, y que algunos de mis comportamientos podían verse demasiado intensos. Copiaba los gustos de los demás para tener algo de lo que hablar con ellos, dejaba de hacer cosas que a mí me gustaban y escondía otras aficiones que parecía que solo me interesaban a mí.

La alegría de mi mundo se fue diluyendo en la oscuridad. Las relaciones se resentían, se abandonaban o se forzaban hasta que desistíamos. Cada vez yo me sentía más agotada, más deprimida y estresada. Disminuir mi intensidad o copiar gustos ya no funcionaba. Y nunca supe cómo debía acercarme a alguien para que siguiera siendo mi amigo. Entré en una depresión tan fuerte que solo deseaba desaparecer. E incluso llegué a hacerme daño a causa del estrés.

Salí de esa situación por el simple hecho de que tenía miedo a morirme. Así que me esforcé por volver a levantarme de la cama. Seguía estresada y agotada, pero luchaba. No entendía qué me ocurría, por qué yo parecía hacer el doble de esfuerzo que los demás, a pesar de que sabía que yo era capaz de hacer muchas cosas por mi misma. Siempre me dijeron que era alguien inteligente.

Después de 23 años, por fin, alguien me habló del autismo. Yo no sabía qué era. Solo vi a una actriz en una serie interpretar a un personaje autista, pero yo nunca me llegué a identificar del todo con ella. Ni yo ni los profesionales que me intentaron ayudar sabían nada de aquello ni sospecharon. Hasta que me hice las pruebas y el resultado fue positivo.

Mi mundo dio un giro de 180 grados. Me sentía muy feliz, porque me identificaba con toda esa gente de internet que hablaba sobre cómo era vivir siendo autista. Me informé todo lo que pude. Pero también me invadió el miedo. Seguía siendo yo, no había cambiado, pero ahora era consciente de que esto era algo que no podía arreglar. Lloré al saber que iba a vivir con ello toda mi vida. No quería ser así, lo odiaba. Solo quería ser como los demás. Me negué a ir a mi primera terapia ocupacional. Sentía que no era mi sitio y no aceptaba que tenía una discapacidad.

Después de un tiempo, poco a poco, fui conociéndome mejor. Empecé a aceptarme y aprendí cuáles eran mis límites o cómo debía protegerme para que no me dolieran el ruido o las luces. Aprendí a parar cuando sentía que me agotaba por socializar o por recibir mucha información. Y aprendí por qué a veces yo era tan intensa o por qué sentía que estaba rota. No estaba rota, solo no conocía cómo funcionaba mi cuerpo.

Ahora mejoro día a día, me relaciono con más gente, venciendo mis miedos y poniendo límites sanos. Lucho por los derechos de las personas como yo, que no tienen recursos ni apoyos. Sean del grado que sean. Aunque, siendo de grado 1, no puedo reflejar la experiencia de todos, siento que debo poner mi voz ahí fuera. Tengo una cuenta en Instagram llamada @menteautistica, donde explico lo qué es vivir en el espectro autista. He ido a algunas charlas y a la radio. He visto cómo la gente que vive esto tiene dificultades para encontrar trabajo o cuidar de sus hijos. Solo deseo para todos ellos, que no piensen que son menos. Todos valemos lo mismo, y merecemos un cuidado y un respeto solo por el hecho de ser personas.

Rebeca Cortés

 

Autismo España no se hace responsable de las opiniones vertidas que se emitan en esta sección puesto que son de carácter personal, y no necesariamente reflejan la posición de Autismo España.