Mujeres rurales y autistas: cuando vivir lejos de los recursos también es una barrera
- Con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, 15 de octubre, ponemos el foco en dos realidades que siguen condicionando las oportunidades: ser mujer autista y vivir en un entorno rural.
- A través de +RuralTEA, trabajamos junto 14 entidades en territorio, para acercar apoyos especializados al medio rural y favorecer que las personas con autismo puedan desarrollar su vida en su propia comunidad.
La falta de servicios, de transporte público, de oportunidades laborales y de participación social, se suma al papel que muchas mujeres continúan desempeñando como principales responsables de los cuidados y de la vida familiar. Una combinación de factores que puede limitar su autonomía y su plena participación en la vida social y económica de sus comunidades.
Estas desigualdades pueden hacerse todavía más profundas cuando hablamos de mujeres con autismo. A las barreras asociadas al género y a la ruralidad se añaden las dificultades para acceder a un diagnóstico y a apoyos especializados, especialmente cuando estos recursos se concentran fuera de los pequeños municipios. El resultado es una suma de obstáculos que puede afectar a su autonomía, bienestar y participación en la comunidad.
Mujeres autistas: una doble desigualdad
La menor disponibilidad de determinados servicios específicos relacionados con la discapacidad, junto con la falta de herramientas y de formación especializada en autismo entre algunos profesionales de los ámbitos sanitario, educativo y social o comunitario, puede dificultar la detección de necesidades y la prestación de apoyos adecuados. Estas barreras pueden afectar especialmente a las mujeres autistas, que suelen recibir un diagnóstico más tardío, lo que retrasa el reconocimiento de sus necesidades y el acceso a apoyos especializados, sobre todo cuando estos se encuentran fuera de los pequeños municipios.
A estas dificultades se suma una realidad que no siempre resulta visible para quienes están alrededor. Así lo explica Sonia, una mujer autista que participa en +RuralTEA a través de la asociación Desarrollo-Autismo Albacete, «Pueden ver que eres autónoma, pero no el esfuerzo que supone desenvolverte en determinadas situaciones, adaptarte socialmente o gestionar el cansancio y la sobrecarga».
La falta de apoyos adecuados puede hacer que la búsqueda de respuestas recaiga sobre las propias mujeres. «En mi caso tuve que buscarme la vida por mi cuenta para encontrar respuestas y apoyos, ya que no me sentí apoyada, ni encontraba mejoría con las especialistas que me trataban», relata la participante.
Su testimonio pone de manifiesto la importancia de avanzar hacia entornos que no exijan únicamente a las personas autistas adaptarse, sino que también sean capaces de comprender sus necesidades y ofrecer respuestas adecuadas.
«Me gustaría que no recayera siempre sobre nosotras el esfuerzo de adaptarnos al entorno, sino que el entorno también hiciera un esfuerzo por comprendernos y facilitarnos las cosas. Que pudiéramos vivir en nuestros pueblos con los apoyos que necesitamos, sentirnos parte de la comunidad y tener la misma calidad de vida y las mismas oportunidades que cualquier otra persona», afirma.
Pero el medio rural también ofrece oportunidades: las redes comunitarias, el conocimiento entre vecinos y vecinas y los recursos locales pueden ser una base fundamental para construir apoyos próximos y continuados.
Una respuesta adaptada al entorno rural
Ante esta realidad, +RuralTEA, impulsado por Autismo España y desarrollado junto a 14 entidades en distintos territorios, promueve un modelo de apoyo integral y centrado en la persona, que tiene en cuenta sus necesidades, fortalezas, intereses y objetivos para mejorar su calidad de vida.
La perspectiva de género se incorpora de forma transversal, prestando especial atención a las barreras que pueden experimentar las mujeres autistas en el acceso a los apoyos y en su participación social. Además, el proyecto trabaja con profesionales, entidades sociales, administraciones y agentes locales para mejorar la respuesta del entorno y facilitar el acceso a recursos y apoyos especializados.
Para Sonia, iniciativas como esta representan una oportunidad para que las personas autistas que viven en zonas rurales puedan ejercer su derecho a recibir apoyos, ser escuchadas y mejorar su calidad de vida, independientemente de donde vivan.
También destaca la importancia de conocer las necesidades de cada persona, porque no todas viven el autismo de la misma manera ni necesitan los mismos apoyos. «Para mí, lo importante es que no se quede solamente en dar visibilidad al autismo, sino que sirva para generar conexiones, detectar necesidades y facilitar apoyos que tengan un impacto real en nuestra vida cotidiana», explica.
Su testimonio recuerda que garantizar la igualdad de oportunidades también implica acercar los recursos a los pueblos, escuchar a las personas autistas y construir entornos más comprensivos y accesibles de manera continuada, en los que puedan participar y desarrollar su vida con los apoyos que necesitan.
«Vivir en un pueblo no debería significar tener menos oportunidades de sentirte comprendida y acompañada», concluye Sonia.
+RuralTEA se enmarca en el programa FSE+ de Inclusión Social, Garantía Infantil y Lucha contra la Pobreza, y está cofinanciado por la Unión Europea y Fundación MAPFRE a través de la convocatoria Ayudas +RURAL 2025.





