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05.11.2026 Educación

9 de cada 10 estudiantes con autismo ha sufrido bullying durante el curso escolar

  • Es una de las principales conclusiones del estudio de Autismo España que analiza el maltrato entre iguales en el contexto educativo.
  • La exclusión social es la forma de bullying más frecuente: el 60% del alumnado participante lo ha experimentad de manera recurrente.
  • El alumnado autista encuentra barreras para identificar determinadas situaciones de maltrato y comunicar lo que está ocurriendo.
  • La investigación pone de manifiesto la necesidad de una mayor implicación de los centros educativos en la prevención y detección del acoso escolar.

La inclusión educativa no consiste únicamente en compartir un aula o participar en las mismas actividades. También implica establecer relaciones positivas con los compañeros y compañeras, sentirse parte del grupo y poder desarrollarse en un entorno seguro y libre de violencia. 

Sin embargo, estas condiciones no siempre están garantizadas para el alumnado autista. Así lo refleja el nuevo informe de Autismo España, «Datos actualizados sobre acoso escolar y autismo 2026. Estudio del fenómeno, resultados y recomendaciones», que analiza las experiencias de maltrato entre iguales de 259 estudiantes autistas de entre 8 y 20 años, escolarizados en diferentes etapas y modalidades educativas. 

El estudio, en el que también participaron sus madres, padres o personas cuidadoras principales, se basa en cuestionarios adaptados y revisados con personas autistas para facilitar que el propio alumnado pudiera comunicar sus experiencias. 

Los resultados muestran una realidad preocupante: más del 92% del alumnado participante señala haber experimentado al menos una de las conductas de maltrato analizadas en alguna ocasión. Además, el 60% señaló que al menos una de estas experiencias ocurría muchas veces o casi siempre.

La exclusión social, la forma de maltrato más frecuente 

Cuando pensamos en situaciones de maltrato entre iguales, es habitual imaginar insultos, amenazas o agresiones físicas. Sin embargo, existen otras conductas menos visibles que también pueden tener importantes consecuencias para el bienestar y la participación del alumnado. 

La exclusión social es precisamente la forma de maltrato más frecuente identificada en el estudio: el 89% del alumnado participante comunica haber experimentado alguna situación de este tipo. 

Ignorar a un compañero o compañera, apartarlo del grupo o impedirle participar en juegos y actividades son ejemplos de situaciones que pueden pasar inadvertidas para las personas adultas, pero que limitan las oportunidades de establecer relaciones significativas y desarrollar un sentido de pertenencia. 

El estudio identifica también otras formas de maltrato, como la violencia verbal (69,1 %), la violencia física directa (47,5 %), la intimidación o coacción (45,2 %), la violencia física indirecta (39,4 %), las conductas de naturaleza sexual (37,1 %) y el ciberbullying (17 %). Además, advierte de que un mismo estudiante puede ser víctima de diferentes formas de maltrato. 

La investigación no encontró diferencias estadísticamente significativas entre chicos y chicas autistas en la presencia global del maltrato ni en sus distintas manifestaciones.  

Reconocer el maltrato y pedir ayuda no siempre es fácil 

Uno de los aspectos más preocupantes del estudio tiene que ver con las barreras que encuentra el alumnado autista para identificar determinadas situaciones de maltrato y comunicar lo que está ocurriendo. 

Los resultados muestran que: 

  • Casi el 77% señala que le cuesta saber si sus compañeros o compañeras se están metiendo con él o ella.
  • Solo el 51 % considera que sabría a quién acudir si alguien le tratara mal.
  • Más del 57% afirma que sentiría vergüenza de contar una situación de este tipo.
  • El 62 % manifiesta tener una persona adulta de confianza en el centro educativo a la que poder contar sus preocupaciones.

Por tanto, la detección del maltrato no puede depender exclusivamente de que el propio alumnado sea capaz de reconocerlo y pedir ayuda. Los centros educativos deben asumir un papel activo, facilitando información comprensible, estableciendo canales accesibles y seguros para comunicar situaciones de maltrato y garantizando que todo el alumnado cuente con personas adultas de referencia. 

Prevenir el maltrato es una responsabilidad de toda la comunidad educativa 

La investigación también pone de manifiesto que ninguna etapa educativa o modalidad de escolarización está libre de maltrato para el alumnado autista. Por ello, resulta fundamental que todos los centros educativos, independientemente de sus características, desarrollen medidas de prevención, detección e intervención adaptadas a las necesidades de su alumnado y a las dinámicas de convivencia que se producen en cada contexto.  

En este sentido, el informe incluye recomendaciones dirigidas a las administraciones públicas, los centros educativos, los profesionales y las familias, con el objetivo de avanzar hacia respuestas coordinadas que permitan prevenir el maltrato y actuar de forma temprana. 

Porque estar presente en la escuela no garantiza sentirse incluido. Una educación verdaderamente inclusiva debe asegurar que todo el alumnado pueda participar, establecer relaciones positivas, sentirse parte de su comunidad educativa y desarrollarse en condiciones de seguridad y respeto. 

Descarga el informe

Puedes descargar y consultar el informe completo en este enlace