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«Menos juicios, más apoyos»  

Compartimos el relato de Francisco Javier San Miguel, padre de una persona con autismo, publicado en la revista Club Renfe del mes de junio, en el que narra cómo se siente su hija cuando viaja en tren. 

Renfe impulsa la inclusión y participación social de las personas con autismo a través de acciones de sensibilización entre sus empleados/as y campañas de concienciación a bordo de sus trenes. En este contexto, la revista Club Renfe del mes de junio publica el relato de Francisco Javier San Miguel, padre de una persona con autismo, en el que narra cómo se siente su hija cuando viaja en tren.

«Menos juicios, más apoyos»

En fin… Estamos en la estación de tren de mi ciudad, imagino que para ir a algún sitio chulo a pasar el día. Por las mochilas que llevan mis padres, deduzco que no haremos noche, porque no han cogido la de mis medicinas. La conozco bien; con esos dibujitos tan infantiles y risueños que persiguen quitar gravedad a su contenido: pastillas para la regulación emocional, la ansiedad, las crisis y las ‘super crisis’.

Las otras veces que hemos viajado en tren hemos disfrutado mucho. Yo, por supuesto, me siento en ‘ventanilla’ para disfrutar del paisaje. Me agrada contemplar los tranquilos campos o las ciudades con su ajetreo. A veces, hay personas que me ven y me saludan, y eso me gusta mucho. El personal del tren es muy amable también y siempre tiene palabras cariñosas para mí. Palabras que no contesto, aunque mi sonrisa y mirada les indica mi agradecimiento y bienestar.  

Lo mejor del viaje es que mis padres se pueden relajar durante el trayecto. Solo un poco, no del todo, porque mi condición y yo no descansamos. Al verme distraída y contenta no tienen que estar pendientes de si algo me inquieta, me altera o me incomoda; de que acabe con una de mis terribles rabietas; de si tengo que ir al baño o si tengo hambre, frío o calor o si me duele algo. Esto de no poder hablar y comunicarme debe ser muy frustrante para ellos, y más si el entorno tampoco es muy receptivo a mi comportamiento, digamos, disruptivo. Para mí el tren es un entorno no hostil.  No sé el motivo. Soy muy impredecible, puedo ir muchísimas veces al mismo sitio, a la misma hora y de la misma manera y, de repente, se me cruzan los cables y la lío. Pero en el tren no me pasa. Me encuentro segura, valorada, tranquila y feliz. 

Si me porto muy bien y no la lío, hasta puede que me den un premio; golosinas o un bocadillo. Tengo una dieta muy estricta. Yo diría que demasiado. Con el azúcar, especialmente, porque, según he oído, es muy adictivo y me puede alterar el comportamiento y el sueño. ¡Es una pena! A mí me encantan las palmeras de chocolate y las milhojas de nata. Ojalá en la estación a la que lleguemos haya una pastelería porque en el tren, a pesar de que sé que hay cafetería, no iremos, para evitar tentaciones… 

Recuerdo un viaje en tren en el que se hizo de noche. A mí me gusta la noche, lo que pasa es que, a veces, me altero, no me duermo y reclamo la atención de mis padres. Al día siguiente, los pobres, van a trabajar con unas ojeras que parecen mapaches. Pero es que no lo puedo evitar… El caso es que aquel día, entre el bamboleo y el cansancio, ¡me quede dormida! Y recuerdo que soñé. Soñé que iba en un tren de vapor que echaba mucho humo e iba lleno de personas felices, risueñas, que cantaban canciones de Disney y que llegamos a una estación dónde más personas felices nos recibían con confeti, aplausos y hasta una banda de música y, por supuesto, con grandes bandejas repletas de palmeras de chocolate riquísimas. 

En fin, no sé dónde iremos esta vez (nunca me anticipan situaciones para evitarme estrés) pero ojalá sea parecido a ese sueño tan estupendo. De momento, estoy feliz e ilusionada, y mis padres también. A ver si pasa alguien de la tripulación y le caigo bien y me da, al menos, un caramelo. Yo le regalaré una sonrisa.  

 

Francisco Javier San Miguel Díaz 

Padre de Irene, una persona con autismo 

 

*Relato publicado en el nº120 de la revista Club Renfe, correspondiente al mes de junio de 2026.